
Sus manos aún no sabían a que impulso obedecer. Dudaba de la forma en que afrontaría ese reto.
Recordaba momentos de dolor, como aquel en que su madre murió, después de tomar entre sus ya huesudas manos una rosa tan pálida como sus últimas facciones de vida.
Evocó también el momento en que abortó su esposa y le dejó el amargo sabor de un hijo nunca visto y la frustrante sensación de la paternidad no realizada. Recordó el fuego, las balas y el miedo en una escaramuza con los guerrilleros, en la época en que prestaba servicio militar.
Sintió de nuevo la misma ira de tiempo atrás al revivir la muerte de su mejor amigo en la sala de espera de un hospital. Vió de nuevo al médico regresar de una cafetería, diez minutos después de la muerte.
Rememoró su ira infantil cuando su hermana le quitaba los confites y le introducía pajillas en las narices mientras él dormía.
Aún no sabía en que forma afrontaría el reto.
Pensó en muchos sueños pasados. En su juventud, quería invadir un templo con cuatro amigos para exigir justicia en su pueblo. Después quizo ser el campeón de una vuelta a Colombia en bicicleta, sin considerar que aún ahorraba para comprar la suya. Deseó ganar un premio Nóbel de la paz y fundar un periódico literario. Ambicionó un emporio financiero y hasta soñó con la presidencia de la república. Quizo construir una máquina de tiempo para viajar al pasado y allí, instruir a los nativos y después viajar con ellos a descubrir a Europa.
Pero aún no tenía un plan definitivo para afrontar el reto.
Recordó con romanticismo el primer beso de adolescente, que le robó una amiga, escondido detrás de la puerta de su casa. Aún veía la belleza de la primera flor que regaló a una novia. Sintió de nuevo la cálida sensación de la primera caricia. Añoró las largas pero para él cortas tardes que paso, tomado de su mano, con alguien en la orilla del mar. Le parecía estar aún palpando la suavidad del primer seno que besó y experimentando su primer orgasmo.
Sin embargo, el reto seguía planteado, inamovible y sus manos aún no sabían a que impulso responder.
Se alegró, como en el pasado, al recordar el día de su grado como bachiller; creía poder tocar el cielo en ese entonces. Al comparar esos momentos de regocijo, estableció que uno de los más grandes, fué el que le ocasionó ganar un concurso de cuentos. De igual forma, también se alegró al recordar su regreso a casa, después de cinco años de ausencia. Tampoco olvidaría jamás la alegría de un triunfo de los ciclistas colombianos en las montañas europeas.
Recordó el día en que nació su sobrina y experimentó una alegría tan grande como nunca creyó que pudiese experimentar.
Pero toda esa alegría no pudo hacerle tomar una decisión sobre la forma en que afrontaría el reto.
Reconoció estar perdiendo el tiempo en divagaciones sobre como afrontar su reto y decidió hacerlo así. Sencillamente. Sus manos comenzaron a moverse, lentamente al principio, pero sus movimientos poco a poco se aligeraron. El reto que representaba una hoja en blanco y las teclas intocadas de la máquina, estaba siendo afrontado. Aún no lograba precisar si la forma era correcta o no, eso le tocaría precisarlo a los miles de lectores que quizá algún dia, tal vez no muy lejano, decidieran leer su novela.
viernes 29 de febrero de 2008
Reto
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