viernes 29 de febrero de 2008

Soledad - Noviembre 1993

Estoy solo, te miro y te pido me acompañes a descubrir el sol que, con su magia, nos llena de calor el día y que se marcha con la promesa de volver al día siguiente para hacernos olvidar el frio de la noche.

Acompañame a sentir las flores que orgullosas, nos brindan la dulzura del perfume divino que el hombre trata, en vano, de imitar. Quiero que juntos inventemos sus colores y adornemos nuestro pelo con coronas floridas.

Acompáñame a descubrir el niño que hay en mí y enséñale a jugar como nunca lo hice. Tal vez él a mí y a tí si me acompañas, nos enseñe a vivir sin los años crueles que, cargados de pesares, nos marcan de por vida.

Ven conmigo a mirarnos a los ojos y así descubrir el poder interno que aún ignoramos, tal vez ellos nos guíen, como cualquier lucero, a seguir juntos la senda que lleva a la justicia y al amor.

Acompáñame a descubrir el mundo de las letras para entender la mágica poesía que, henchida de amor, nos causa una esquiva lágrima. Para entender las grandes epopeyas desbordantes de heroísmo, que incitan el amor a nuestra patria. Para entender los pensamientos filosóficos de hombres que quizá, como yo, algún día sintieron el peso de la soledad.

Ven conmigo y robemos la mar con todo y peces, y los guardas en tu casa, porque en la mía guardaré las montañas manchadas de blancura, que robaremos después de hurtar la mar.

Acompáñame en la sencillez de un minuto de silencio y tan sólo ayúdame a olvidar mi soledad.