
Despertó, pero aún no estaba seguro de haberlo hecho. Sentía su cuerpo pesado y cansado, como si hubiera recibido una paliza el día anterior. Se incorporó lentamente hasta quedar sentado, ojeó su reloj y musitó una maldición al ver lo avanzado del día. Frotó su rostro varias veces y acarició sus cabellos mientras bostezaba.
Sus dedos palparon un cuerpo extraño a su lado. La mujer desnuda suspiró y sonrió melosa. Roberto no logró recordar como había llegado esa mujer a su cama; la verdad, no recordaba nada de la noche anterior.
Se incorporó y caminó pesadamente al baño, miró al espejo y le costó trabajo reconocerse. Lentamente cepilló sus dientes y lavó su cara. Salió del baño y en su alcoba, se cambió de ropa. Sentía que su cuerpo era extraño, también su alcoba y hasta el baño.
La mujer, rubia, continuaba durmiendo con una de sus piernas destapada. A él, nunca le gustaron las rubias y sin embargo, había dormido con una salida quien sabe de donde.
Salió a la calle; la luz hirió sus ojos y caminó varias cuadras con los ojos cerrados. Sintió la necesidad de cruzar la avenida y creyó propicio el momento, puesto que un hombre, situado a pocos metros de él, comenzó a cruzarla con mucha decisión. Así también lo hizo Roberto, solo confiando en la decisión del otro hombre, pues sus ojos estaban muy cansador para vigilar la presencia del peligro. No alcanzó a escuchar nada, solo sintió un fuerte golpe estrellar su débil humanidad. Lo último que vió en su vida, fué la cara decepcionada del suicida que fracasó en su intento de morir arrollado por un camión
viernes 29 de febrero de 2008
Suicida - Febrero 1984
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada