viernes, 29 de febrero de 2008

Un hombre

Un hombre que mira directo a los ojos, su mirada tranquila, profunda, interroga sin afanes y en medio del silencio y del bullicio habla sin palabras, acaricia sin manos, escucha el corazón. Nunca baja su mirada siempre digna.
Un hombre que es dueño de si mismo y no pretende serlo de nadie más. No teme expresar sus sentimientos, temores, afanes, dolores, desconfianzas y esperanzas. No confunde sus sentires, los disfruta intensamente, los saborea y los digiere y así se funden con su cuerpo y con su alma. Igual sonríe, igual llora.
Un hombre que sueña despierto, no teme mostrar sus alas abiertas al mundo. Sus sueños le llevan a subir a la montaña más alta y con sus alas abiertas, fe en su alma y un propósito digno en su mente, salta al vacío, seguro de llegar a su destino aún a costa de sus defectos y virtudes. No ignora, y aun así, respeta las debilidades de su cuerpo, comprende sus limitaciones y en medio de esa comprensión amplía sus horizontes. Es fiel a sus sueños.
Un hombre aguerrido, feroz, inclemente en su lucha interna por ser mejor, por merecer su sonrisa en su imagen en un espejo, el abrazo fuerte y profundo de un niño, la mirada transparente y tierna de una mujer. Implacable con su fuero interno pero conciliador con su pasado, sus errores y pecados, tierno con sigo mismo en sus momentos de debilidad. Se abraza tiernamente en sus tristezas.
Un hombre que habla con prudencia, nunca miente, construye lazos con palabras claras conectadas mágicamente con su mente y con su alma. Su voz no se desgasta en abismos profundos, retumba en las paredes el eco cardiograma, llena de vida el eco lógico.
Un hombre que interroga a la vida, a los principios y sus finales, el por qué amanece antes de anochecer o el por qué anochece antes de amanecer.
Cuestiona, ahora sí, a su padre. Pregunta nuevamente a la respuesta dada a su pregunta, y nuevamente pregunta. Se cuestiona a sí mismo, por sobre todas las cosas, por sobre toda duda y toda certeza.
Un hombre que aprende y enseña por igual conocimientos, estrategias, locuras y presentimientos. Aprende que tocar y acariciar tienen una sutil y profunda diferencia cuando al enseñar a tocar, acaricia. Enseña que besar se escribe con zeta cuando aprende a rozar con su lengua delicadamente otros dientes. Enseña a soñar profundamente en medio de fórmulas matemáticas y a realizar cálculos frios en las experiencias espirituales. Enseñando es cuando más aprende y aprendiendo es cuándo más enseña.

Temores - Junio 2002


Si no me conociera como me conozco no temería. Creería saber claramente de qué se trata, a dónde voy y qué es lo que quiero. Pensaría estar tomando decisiones radicales o firmes o equivocadas o temerarias, (pero las tomaría). Me las daría de macho cabrío o dama decente, nunca una mezcla extraña, confusa. Pero me conozco muy bien, no sé a dónde voy contigo y siento que mis decisiones sobre los dos las tomas tú.
Si fuera fuerte no temería. Mi verticalidad te mantendría a raya, lejos de mi cuerpo, de mi alma. Si fuera fuerte no te miraría a los ojos, te ignoraría. No te tocaría con mis sentidos somnolientos. No te pediría letras que me enredan, me atan, me hacen soñar y confunden mis sueños despiertos, que me hacen verte desnuda (y aún te avergüenzas)
Porque me conozco, me temo.

Tengo miedo porque me gusta la profundidad en las mujeres. La contradicción y los ojos brillantes.Porque envidio los sueños cuando se tiene una vida por delante para hacerlos recuerdos vividos y no simplemente sueños soñados, por eso tengo miedo, porque, a veces, quisiera ser parte de tus sueños y si eso no es posible (ya sé que no lo es), compartirlos.
Porque eres profunda y a veces tonta, porque a veces, tu también me temes y otras veces me abres tu alma, tengo miedo de entrar demasiado en tus cosas y enredarme y no entender y aún así, seguir creyendo. Tengo miedo de creer más de la cuenta, de abrir posibilidades que se cierran antes de un suspiro.
Porque eres fuerte, me da miedo estrellarme contra tí y porque eres suave, tan suave, temo dañarte con mis manos ásperas y mi corazón de piedra. Porque no puedo dar respuestas (a preguntas que tu no haces) tengo miedo. Porque hay veces que mi corazón se acelera a velocidades que ya no manejo, tengo miedo. Cuando quiero respirar tu olor de mujer y me acerco, me da miedo. Todo esto me da miedo, no a ti, miedo a mi miedo, miedo a mi debilidad, a mis defectos.
Miedo a prendarme de tu olor y tu mirada. Miedo a cometer, otra vez, los mismos errores de siempre.
Tengo miedo de que leas estos miedos (seguramente ya lo has hecho en mi mirada) y ese mismo miedo me llevará a que te incite a que los leas para que mis miedos se enraicen más en mi alma. Tengo miedo de descubrir que no te importan mis miedos y los ignores y sigas así, como siempre, cada día más peligrosamente cerca a mi alma

Suicida - Febrero 1984



Despertó, pero aún no estaba seguro de haberlo hecho. Sentía su cuerpo pesado y cansado, como si hubiera recibido una paliza el día anterior. Se incorporó lentamente hasta quedar sentado, ojeó su reloj y musitó una maldición al ver lo avanzado del día. Frotó su rostro varias veces y acarició sus cabellos mientras bostezaba.

Sus dedos palparon un cuerpo extraño a su lado. La mujer desnuda suspiró y sonrió melosa. Roberto no logró recordar como había llegado esa mujer a su cama; la verdad, no recordaba nada de la noche anterior.

Se incorporó y caminó pesadamente al baño, miró al espejo y le costó trabajo reconocerse. Lentamente cepilló sus dientes y lavó su cara. Salió del baño y en su alcoba, se cambió de ropa. Sentía que su cuerpo era extraño, también su alcoba y hasta el baño.

La mujer, rubia, continuaba durmiendo con una de sus piernas destapada. A él, nunca le gustaron las rubias y sin embargo, había dormido con una salida quien sabe de donde.

Salió a la calle; la luz hirió sus ojos y caminó varias cuadras con los ojos cerrados. Sintió la necesidad de cruzar la avenida y creyó propicio el momento, puesto que un hombre, situado a pocos metros de él, comenzó a cruzarla con mucha decisión. Así también lo hizo Roberto, solo confiando en la decisión del otro hombre, pues sus ojos estaban muy cansador para vigilar la presencia del peligro. No alcanzó a escuchar nada, solo sintió un fuerte golpe estrellar su débil humanidad. Lo último que vió en su vida, fué la cara decepcionada del suicida que fracasó en su intento de morir arrollado por un camión

Soledad - Noviembre 1993

Estoy solo, te miro y te pido me acompañes a descubrir el sol que, con su magia, nos llena de calor el día y que se marcha con la promesa de volver al día siguiente para hacernos olvidar el frio de la noche.

Acompañame a sentir las flores que orgullosas, nos brindan la dulzura del perfume divino que el hombre trata, en vano, de imitar. Quiero que juntos inventemos sus colores y adornemos nuestro pelo con coronas floridas.

Acompáñame a descubrir el niño que hay en mí y enséñale a jugar como nunca lo hice. Tal vez él a mí y a tí si me acompañas, nos enseñe a vivir sin los años crueles que, cargados de pesares, nos marcan de por vida.

Ven conmigo a mirarnos a los ojos y así descubrir el poder interno que aún ignoramos, tal vez ellos nos guíen, como cualquier lucero, a seguir juntos la senda que lleva a la justicia y al amor.

Acompáñame a descubrir el mundo de las letras para entender la mágica poesía que, henchida de amor, nos causa una esquiva lágrima. Para entender las grandes epopeyas desbordantes de heroísmo, que incitan el amor a nuestra patria. Para entender los pensamientos filosóficos de hombres que quizá, como yo, algún día sintieron el peso de la soledad.

Ven conmigo y robemos la mar con todo y peces, y los guardas en tu casa, porque en la mía guardaré las montañas manchadas de blancura, que robaremos después de hurtar la mar.

Acompáñame en la sencillez de un minuto de silencio y tan sólo ayúdame a olvidar mi soledad.

Soledad - Diciembre 1983


Corría jadeante hacia su casa y sus pulmones ya querían reventar; sus piernas olvidaban el cansancio y seguían su rítmico accionar con una velocidad tal, que dejaba admirado a Pedro Elías, quien nunca se creyó capaz de correr tan rápido. De vez en cuando miraba atrás y se veía forzado a correr más aprisa. No veía el momento de llegar a su casa para allí defenderse de su persecutor. El sudor que bajaba por su frente algunas veces le nublaba la vista. La gente, asustada, le abría camino en la congestionada acera. Pedro Elías se alegró al divisar, por fín, a lo lejos, su casa. Ya no sentía sus pulmones ni sus piernas. Experimentaba la sensación de ser un mutante sin extremidades, que era arrastrado por alguna fuerza oculta hacia un lugar anhelado.

Al llegar por fin a su casa, abrió la puerta, entró y la cerró con violencia. Cruzó la pequeña antesala, subió las escaleras pisando cada tercer peldaño, entró a su alcoba y se encerró con llave.

Creyó poder respirar, pero sus pulmones se negaba a hacerlo. Extenuado, deslizó por la pared su espalda mojada de sudor, hasta quedar sentado en el piso. Miró sus piernas temblorosas y cerró los ojos, tratando quizá de olvidar. Poco a poco el aire entró en sus pulmones, pero el sudor seguía bajando por sus pálidos cachetes.

Abajo, en la puerta principal, se sintieron unos golpes y unos arañetazos que pretendían arrancar la cerradura. Al sentirlos, Pedro Elías se extremeció y el hielo invadió sus venas. Sus piernas intentaron correr, pero no encontraron espacio para hacerlo. La puerta crujió y poco a poco, con un chillido penetrante, se fué abriendo; se oyó un paso y luego la puerta se cerró. Pedro Elías, resignado, dejó que sus párpados temblorosos y húmedos se juntaran.

Los pasos ya subían las escaleras, con calma, como si quien los daba saboreara el desespero de Pedro Elías. Sonaron tres golpes cortos en la puerta de la alcoba y Pedro abrió. El maldito visitante, con una sonrisa maligna, penetró la alcoba y Pedro, con odio en su mirada, se recostó en la cama.

- ¿Por qué viniste? - Preguntó Pedro.

- Porque era necesario que tu estuvieras solo. - Contestó el visitante.

- ¡Estoy mejor sin tí!

- ¿De verdad lo crees?

- ¡Tengo que salir!

Pedro se incorporó de su cama y brincó hacia la puerta, pero una fuerza extraña le mandó un paso más atrás y otro más y otro, hasta que se vió acurrucado en el último rincón de su recámara, como un niño temeroso que se esconde del castigo de su padre.

- ¡Quiero salir! - Gritó llorando.

- ¿Para refugiarte entre la gente?

Pedro Elías se incorporó lentamente y secó sus lágrimas con el dorso de la mano y se tendió boca abajo en su cama.

- No soy un prisionero y tengo derecho a hacer lo que me da la gana. Quiero salir. - Murmuró Pedro.

- ¿Para que la gente te hable?

-¿Y que saco yo con hablar solo?

Su visitante sonrió y le miró con tristeza.

- Está bien. - contestó. Sal a la calle y mezclate con la gente, conoce el vino y el cigarrillo, habla de política en un bar, súbete a un bus y aguanta pisadas, estrujadas y frenadas. Camina por la calle y mira los rostros de la gente. Penetra con tu mente en la mente de tu amada. Piérdete en el lecho de una desconocida. Entra en una sala de cine y habla de Dios con quien lo quieras. ¡Vamos, sal a la calle! Allí verás, si pones atención, que muchos como tú, huyen de mi compañía, pero también que otros ya la han aceptado. Vamos, sal a la calle y vive hoy, que en la noche, cuando vuelvas a casa, te haré compañía, yo, la soledad.

Reto



Sus manos aún no sabían a que impulso obedecer. Dudaba de la forma en que afrontaría ese reto.


Recordaba momentos de dolor, como aquel en que su madre murió, después de tomar entre sus ya huesudas manos una rosa tan pálida como sus últimas facciones de vida.



Evocó también el momento en que abortó su esposa y le dejó el amargo sabor de un hijo nunca visto y la frustrante sensación de la paternidad no realizada. Recordó el fuego, las balas y el miedo en una escaramuza con los guerrilleros, en la época en que prestaba servicio militar.

Sintió de nuevo la misma ira de tiempo atrás al revivir la muerte de su mejor amigo en la sala de espera de un hospital. Vió de nuevo al médico regresar de una cafetería, diez minutos después de la muerte.

Rememoró su ira infantil cuando su hermana le quitaba los confites y le introducía pajillas en las narices mientras él dormía.

Aún no sabía en que forma afrontaría el reto.

Pensó en muchos sueños pasados. En su juventud, quería invadir un templo con cuatro amigos para exigir justicia en su pueblo. Después quizo ser el campeón de una vuelta a Colombia en bicicleta, sin considerar que aún ahorraba para comprar la suya. Deseó ganar un premio Nóbel de la paz y fundar un periódico literario. Ambicionó un emporio financiero y hasta soñó con la presidencia de la república. Quizo construir una máquina de tiempo para viajar al pasado y allí, instruir a los nativos y después viajar con ellos a descubrir a Europa.

Pero aún no tenía un plan definitivo para afrontar el reto.

Recordó con romanticismo el primer beso de adolescente, que le robó una amiga, escondido detrás de la puerta de su casa. Aún veía la belleza de la primera flor que regaló a una novia. Sintió de nuevo la cálida sensación de la primera caricia. Añoró las largas pero para él cortas tardes que paso, tomado de su mano, con alguien en la orilla del mar. Le parecía estar aún palpando la suavidad del primer seno que besó y experimentando su primer orgasmo.

Sin embargo, el reto seguía planteado, inamovible y sus manos aún no sabían a que impulso responder.

Se alegró, como en el pasado, al recordar el día de su grado como bachiller; creía poder tocar el cielo en ese entonces. Al comparar esos momentos de regocijo, estableció que uno de los más grandes, fué el que le ocasionó ganar un concurso de cuentos. De igual forma, también se alegró al recordar su regreso a casa, después de cinco años de ausencia. Tampoco olvidaría jamás la alegría de un triunfo de los ciclistas colombianos en las montañas europeas.

Recordó el día en que nació su sobrina y experimentó una alegría tan grande como nunca creyó que pudiese experimentar.

Pero toda esa alegría no pudo hacerle tomar una decisión sobre la forma en que afrontaría el reto.

Reconoció estar perdiendo el tiempo en divagaciones sobre como afrontar su reto y decidió hacerlo así. Sencillamente. Sus manos comenzaron a moverse, lentamente al principio, pero sus movimientos poco a poco se aligeraron. El reto que representaba una hoja en blanco y las teclas intocadas de la máquina, estaba siendo afrontado. Aún no lograba precisar si la forma era correcta o no, eso le tocaría precisarlo a los miles de lectores que quizá algún dia, tal vez no muy lejano, decidieran leer su novela.

Renacer


Es innegable la mágica importancia que le damos - y que de hecho tiene - al nacer. Es el primero de muchos pasos en los que aprendemos del bién y del mal. Es la primera de muchas copas en las que bebemos el elixir de la dicha y del dolor. Es el primero de tantos gestos en los que esbozaremos sonrisas y hasta lágrimas. Es el comienzo de una unión inmensa de sentimientos y acciones que nos formarán y preparán para un final único e inevitable.


Si consideramos en éstos términos la tan grande importancia del nacer, es ineludible tocar la tan igualmente grande magia del renacer, pues es el levantarse después de un paso tambaleante que nos ha enviado al piso. Esta experiencia nos lleva en el futuro a saber escoger la copa con el contenido que no nos dañe, cuando aún recordamos el dolor causado por una errada escogencia pasada.


Es el secar nuestras lágrimas, sonreir al futuro y lanzarnos de nuevo al encuentro de la inmensa unión de los mil caminos del mundo con el optimismo y el amor necesarios para poder hacer las cosas bién, o por lo menos, para tener el suficiente ánimo de volver a intentarlo, una vez más, hasta llegar al sitio deseado

Quiero

Quiero que mi hijo crezca con fuerza en su alma para que irradie energía, claridad en su mente para que no pierda su norte, claridad en su corazón para que no cause daño a quien ame, sensibilidad en sus manos para que acarice a su hijo, sonrisa en su rostro para que le alegre su alma y la de quienes le rodeen, fuerza en su cuerpo para que la vida fluya.

Quiero que mi hija crezca femenina, suave en sus formas y fuerte en sus propósitos, clara en sus deseos y rotunda en sus logros, profunda en sus sentimientos e intenciones, sensible a la vida, tierna y fuerte en sus amores, tranquila y segura ante lo adverso, independiente, divertida y feliz.

Quiero ser el hombre que soñé hace tiempo, recuperar mi mirada tierna y dulce, volver a dar sueños locos a mi espíritu y luchar por ellos, sentir que mi vida, a pesar de los años, apenas comienza, quiero pensar que puedo ser grande, que mi corazón puede otra vez tener el mundo dentro, sin dolor.

Quiero tener nuevamente una sonrisa que nazca desde lo más profundo de mi alma, permanente, clara, sincera. Que mis lágrimas no sean solo de tristeza y que cuando tiemble mi piel, sea solo por el frío. Quiero que el miedo me abandone para siempre.

Quiero escribir de los hombre y mujeres mejores que yo, que admiro, respeto y en secreto hasta alcanzo a envidiar. De aquellos y aquellas con fuerza en su espíritu, de mirada clara, de propósitos inquebrantables, de experiencia en sus almas, de juventud en sus almas.

Quiero morir tranquilo, sin peso en mi alma, que nadie recuerde las muchas cosas malas que he hecho, tener el perdón de quienes he lastimado, porque mi propio perdón no creo que lo logre, al menos en esta vida.

¿Quién?

- Don Horacio, ¿ocurre algo malo con el espejo? - me preguntó el mesero.

Hay frases que mágicamente obran cambios en las personas, algunas por su significación, otras por su belleza y unas más por su sentido, pero ésta que pronunció el mesero no tenía ninguna significación especial, su sentido era simple y en ella no se apreciaba la belleza, sin embargo al oir esas palabras descubrí que la realidad y la fantasía se habían mezclado en mi vida haciendo de ella un laberinto del cual ahora no se como salir.

Había llegado al restaurante a cumplir la cita.

Esa vez, más que siempre, me adelanté a la hora convenida, pues deseaba familiarizarme con el lugar y evitar molestas distracciones a la hora de la tan esperada reunión. Siempre he sido muy observador y me gusta recordar los pequeños detalles de la decoración, los gestos de la gente, las frases sueltas que nos llegan sin saber de dónde y todos los sutiles encantos que hacen de un lugar, uno muy especial. Pedí un vaso de wiskey para distraer mis manos.

Cuando observo a la gente, y esto lo hago muy a menudo, trato de descubrir o al menos de imaginarme, un poco sus vidas y a tal punto me esfuerzo a veces, que mi interés se hace notorio ante quienes son objeto de mi estudio. En esa ocasión, quizás por la espectativa de la cita, todos a mi alrededor perdieron importancia.

Mi pensamiento se alejó cada vez más del restaurante y se remontó cinco años atrás, cuando conocí a Leandro. Recuerdo que me impactó sobremanera la concentración que lograba en su lectura a pesar del insólito bullicio que parecía rebotar en las paredes de la biblioteca universitaria. Creo recordar que leía un libro de filosofía oriental y en su mesa reposaban otros tres, uno de ellos de matemáticas. Observé que no tenía libretas de notas, tampoco un bolígrafo y este hecho me indujo a pensar que él no era estudiante de esa universidad, quizás de ninguna. Aquella vez no cruzamos palabra, solo una mirada llena de curiosidad por ambas partes. Consulté las revistas literarias que tenía pendientes y me olvidé de aquel extraño futuro amigo.

Poco después la Universidad del Norte organizó unas conferencias con el propósito de analizar la presencia de lo insólito en cuentos de escritores latinoamericanos. Allí lo volví a ver. Su interés por el expositor era abrumador, parecía tener ganas de entrar en él y casi se anticipaba a cada uno de sus gestos, a la menor de sus palabras y al más nimio comentario. En algún momento Leandro parecía reprochar miméticamente algún posible error de apreciación del conferencista y dejaba en todos los presentes la sensación de pretender saber sobre el tema más que todos nosotros. Sin embargo, ante algunas ideas realmente originales, su rostro, como el de un niño, delataba el asombro ante la novedad y la satisfacción dejada por los nuevos conocimientos obtenidos.

Leandro siempre ha sido un conversador muy particular, sus bastos conocimientos en campos discímiles e insospechados le llevan casi a la categoría de maestro. Sin embargo tiene cierta adversión a hablar de moda, clima, dinero, deportes y hasta de mujeres, pues según dice, son temas frívolos unos, alienantes los otros y el último muy personal.

En alguna ocasión fuimos a una playa en una tarde con un grupo de amigas y mientras todos en silencio gozábamos del cielo enrojecido por el sol, él calculaba el tiempo que le llevaría a éste desaparecer trás el horizonte. ¡Predijo el resultado con media hora de antelación y falló por tres segundos! A veces pienso que para él la vida es una sucesión de cálculos matemáticos y no ha descubierto aún la belleza que encierra el sentarse en la arena y ver el mundo sin pensar en las leyes que le rigen.

A medida que transcurre nuestra vida van cambiando los conceptos y opiniones personales; en mi evolución intelectual que dicho sea de paso, no es muy avanzada, solo hay un concepto que constantemente se enriquece con nuevas vivencias. Es el concepto de Dios. Por esto, siempre incito a quienes considero preparados, a que me den su concepto de Él, naturalmente le propuse el tema a Leandro, pero él se negó a proseguir la conversación. Nunca esperé esa actitud en él.

Sus intervenciones en las conversaciones o en los cursos eran calmadas y se expresaba con claridad, pero la carencia de énfasis en algunas palabras inducían a la monotonía, a la que no se entraba de lleno gracias a la profundidad e interés de sus comentarios, que sin lugar a dudas eran brillantes.
Por lo general me gusta conservar algunas amistades que de alguna manera puedan contribuir a enriquecer mi vida y Leandro parecía ser ese tipo de personas. Le manifesté mi deseo de mantener una amistad no casual como hasta ese momento y el me contestó que él, como el saber, se presentaría. Naturalmente me dejó muy confundido.


Durante algunos meses no comprendí el sentido de sus palabras, hasta que en un museo de Bogotá lo sorprendí curiosenando una escultura moderna, de ésas que uno logra entender con un catálogo explicativo en la mano. Se sentía a sus anchas en esa ciudad. Aún me parece verlo devorando revistas extrañas en las bibliotecas, revisando tesis de grado en las universidades, visitando museos, asistiendo a conciertos y recitales, oyendo conferencias y aprendiendo todo lo que esta urbe sabe enseñar.

Nunca antes había conocido a alguien tan entregado a la investigación informal, por llamarla de alguna forma, pues no parecía tener comprimisos con instituciones educativas o investigativas; además sus temas eran tan discímiles como insólitos. Siempre tuve curiosidad por saber de qué vivía aquel hombre, quizás hoy en nuestra cita lo pueda averiguar.

En una ocasión por un leve accidente en bicicleta sufrí algunos raspones; Leandro criticó fuertemente mi inclinación por los deporte peligrosos. Creo que todos los deportes conllevan algún riesgo, pero ninguno tan grande como la inactividad, sin embargo, mi amigo no lo consideraba de esa manera. No logro precisar si su temor se debía más a sufrir un golpe en la cabeza que le ocasionara el perder toda su información, o a robarle tiempo a las bibliotecas, de una u otra manera, no deja de preocuparme su salud futura.

Si, es realmente un hombre admirable por su dedicación a lo suyo, pero parece ignorar e incluso despreciar toda actividad diferente a almacenar datos en la mente. A veces lo creo un soñador y me gustaría mucho verlo reaccionar y aplicar sus conocimientos en alguna actividad productiva o por lo menos creativa, pero intuyo que pasará mucho tiempo antes de que eso suceda, si es que sucede.
En esos momentos, la hermosa mujer que entró al restaurante y me devolvió a la realidad, me sacó otra vez de ella al recordarme a la siempre bella Amanda, la mujer que me sedujo con su alma de artista.


La conocí cuando era aún una niña, tenía 12 ó 13 años y siempre la acompañaba una sonrisa; me gustaba observar la inocencia con que interpretaba lo que sucedía a su alrededor. Creo que en ese sentido no ha cambiado mucho. En aquella época mi corazón se prendió de ella y aún no entiendo las razones para ello, pues era una niña normal.

Recuerdo que me miraba a escondidas y, con la presencia de mis ojos disimulaba tímidamente. Pero aquellos tiempos pasaron muy rápido, más de lo que hubiera deseado y pronto se convirtió en una mujer fantástica. Me causó una inmensa sorpresa descubrirla en su papel de mujer, después de cuatro años de no verla.
Su interés por los amigos era admirable, sacrificaba gran parte de su tiempo libre y de sus intereses particulares por solucionar, o por lo menos escuchar, los problemas y confesiones que le hacíamos todos. Muchas veces no hablaba, pero su mirada infundía una confianza tal, que muchos la tomamos como confidente permanente. Pocas veces daba un consejo común, pues los suyos eran sorprendentemente inesperados, producto de su forma tan particular de ver el mundo.


Amanda acostumbraba a llenar a sus amigos de pequeños detalles con gran significado, de fugaces miradas de eterno amor y de caricias ardientes con sus manos frías. Como ella en el mundo hay muy pocas personas, me atrevería a decir que es única, y por esta razón se podría llegar a pensar con mucha frecuencia en la dichosa posibilidad de haber logrado enamorarla. De hecho estas conclusiones apresuradas motivaban muchos desengaños dolorosos en quienes descubrían la verdad y una deliciosa espectativa en quienes nunca nos atrevimos a confirmar nada.

Quienes no la conocían, la creían una persona adusta y engreída y no hacían nada por lograr un acercamiento a ella, sin embargo, la ralidad distaba mucho de estas primeras impresiones que siempre dejaba, pues su calidez, comprensión y dulzura prendaban a cualquiera. Nunca veía, o por lo menos no comentaba, nada negativo de nadie, ni siquiera en los muchos problemas de los que fué testigo.
Siempre he sospechado que ella pinta o compone música, pues descubre poesía hasta en una sombra y la transmite mágicamente. Espero confirmar esto, entre muchas otras cosas, en nuestra cita de hoy.


Sin importar si se habla, se llora, se ríe o se ama, el tiempo con ella parece no existir, pués aunque transcurre, no se siente y cuando se descubren las horas que han pasado, no queda el arrepentimiento o la agustia de quien lo ha perdido.
No se si el amor que me ha entregado es exclusivo, pero no me preocupa que no lo sea, sin embargo, me gustaría confirmar también esto en nuestra cita.
El mesero se acercó y me ofreció otro vaso de wiskey, esto me sacó de las cavilaciones y observé algunos nuevos clientes en el lugar, pero ninguno era aún digno de ser observado con detenimiento.


Amanda y Leandro eran solo dos de los amigos que más sentido le habían dado a mis últimos años, pero ellos, al igual que Carlos, Hilario y Aldo, no se conocían entre sí y mi deseo de presentarlos a todos, me indujo a concretar esa cita.

Aún esperaba la llegada de mis invitados, pero comprendí que era todavía temprano.

No estaba muy seguro de si Carlos se sentiría a gusto en nuestra reunión, pués sus intereses se limitaban casi exclusivamente, y he sido generoso al usar la palabra casi, a los deportes.

Nuestra amistad era la más antigua de todas. Fuimos vecinos en nuestra niñez y jugábamos fútbol casi todas las tardes. Ambos eramos muy delgados, por no decir flacos, y él era un poco más alto que yo. Nunca fué muy buen estudiante pero sí el mejor futbolista, basketbolista, patinador y nadador. Era el mejor en cualquier deporte y siempre le admiré por ello.

Consecuentemente a sus actividades, su cuerpo tomó las formas propias de un atleta y sus logros deportivos le merecieron gran popularidad. Algunas veces nuestras relaciones se distanciaban por años, pero los reencuentros fueron siempre muy emotivos. Constantemente hablaba de sus campeonatos, de los ejercicios más convenientes para desarrollar tal o cual músculo, de los goles del Junior y sus planes futuros.

El tiempo pasaba y no parecía afectarlo, pues continuaba con las mismas, si no mejores, habilidades físicas y la misma, si no peor, adversión a los libros y demás manifestaciones culturales. Disgustó siempre con las fiestas y el licor; creo que nunca aprendió a bailar, simplemente su vida era el deporte y para él vivía. Siempre sostuve que si se hubiera dedicado a un solo deporte, sería posiblemente el mejor del mundo, pero su inconstancia le llevaba a cambiar la práctica de un deporte por la de otro.

Cuando en su presencia se tocaban temas con un poco de profundidad, se tornaba en la persona más distante del mundo: miraba lejos, se rascaba los brazos y las cejas, bostezaba y su rostro inexpresivo parecía ignorar cuanto se decía en el lugar. Temía que en nuestra cita adoptase la misma actitud, pero confiaba en que la personalidad de mis otros amigos, le motivara suficientemente para superar su retraimiento. De una u otra manera, para saber su reacción tendría que esperar el desarrollo de la cita, un poco más tarde.
La risa estridente de un comensal a mi espalda, me indujo a pensar que comenzaban a llegar mis citados, pues ya la hora estaba cercana. Pero la risa que dejaba escapar aquel cliente, no era tan especial como la de Hilario.


Realmente tenía una risa cautivadora. Todo en él era cautivador. No podía organizarse una fiesta sin su presencia, pues de hacerlo así, era una fiesta sin alma. Tenía aquel espíritu de relacionista público exitoso, de vendedor estrella, de animador de televisión. Lo que más admiraba de Hilario, era su forma de ser centro de atención sin opacar a los demás. Parecía un recreacionista a quien todos atienden para aprender una nueva diversión. Pero él iva más lejos, pues cautivaba no solo para divertir, sino para escuchar y opinar. A veces opinaba más de la cuenta.

Parecía ser un hombre culto, sostenía cualquier conversación, pero nadie sabía de su profesión o estudios, aparentemente era un hombre de mundo, sin embargo, no recuerdo haberle visto nunca con una mujer en especial. Estos eran temas obligados para nuestra cita.

La hora convenida para la cita era ya pasado por diez minutos y pensé, por primera vez, en la posibilidad de la no asistencia de todos. Si pudiera, no sabría a quien escoger para que no asistiera, pues todos eran realmente importantes para mi. Posiblemente lamentaría menos si llegara a faltar Aldo, pues de él casi que lo sabía todo: trabajaba de siete de la mañana a diez de la noche, de lunes a sábado. Los domingos veía televisión todo el día y de cuatro a ocho visitaba a la novia, una chica a quien no se le veía ni la nariz en la puerta de su casa.

Nunca he podido imaginar siquiera de que hablan o que hacen ellos en esas cuatro horas de visita. Temo que un día mueran, no de amor sino de tedio. La razón que me motivó a invitarlo, fue el mostrarle la cantidad de cosas que puede hacer la gente además de trabajar y la cantidad de ideas, locas y sensatas, que pueden generar tan solo cinco mentes.

Pasó una hora y había terminado mi tercer vaso de wiskey. Estaba impaciente y deseoso de ir al baño. Me levanté en busca del reservado para hombres y al pasar frente a una ventana, lo ví. Una corriente fría subió por mi espalda. Me esforcé por identificarlo, pues el aire intelectual y el espíritu de búsqueda de Leandro, se mezclaban con la sensualidad y la mirada acariciadora de Amanda, el cuerpo atlético de Carlos, la desenvoltura de Hilario y la pasibidad de Aldo. Pasado un un momento, no se cuanto, se levantó de su silla y se dirigió hacia mí. Solo nos separaba el cristal de la ventana. Aún no lograba identificarlo y eso me deseperaba. Me miró burlonamente y sonrió, su sonrisa, la de Hilario, se convertía en una carcajada. Si mirada, la de Amanda, continuaba entre burlas y caricias, su cuerpo, el de Carlos, quería casi romper el cristal y su aburrimiento, el de Aldo, desapareció.

"Don Horacio, ocurre algo malo con el espejo" - me preguntó el mesero y con sus palabras descubrí de pronto la aparentemente absurda realidad que he estado viviendo.

Pseudónimo



Decidir cambiar el nombre puede ser una prueba irrefutable de cobardía o del deseo de no perder privacidad, o ambas cosas. Puede ser también el temor a que otras personas descubran sentimientos muy profundos, oscuros y enredados que se encuentran enraizados en el alma.

Creo que el nombre elegido puede marcar el rumbo que cobran los textos una vez publicados y por ello el pseudónimo debe ser especial, como tantos hombres y mujeres que me han enseñado de sus vidas a lo largo de la mía.

Me he sentido tentado a usar nombres como Guillermo o Juan, en honor, ¿cabe esta palabra?, al Padre y al Hijo, con certeza, aquí no hay connotaciones religiosas. Pero mi Padre está tan alto, tan lejos y tan profundo que más que un honor, le haría un deshonor. Mi hijo es tan joven y a la vez tan Maestro que estoy seguro que para ser lo que él quiere ser, no necesita de la ayuda o del desastre que representa tener su nombre en escritos ajenos. Esto mismo digo de Laura. Nombres como Diana o Cazadora fueron descartados por culpa de una de mis grandes equivocaciones con respecto a la amistad. Otros como Angélica, Paola o Chechelito se han disuelto a través de los años y su significancia hoy no trasciende. A decir verdad, me he sentido muy tentando a usar un nombre femenino.

Por el año de mil novecientos ochenta u ochenta y uno, un compañero de clases perdió a su padre. Entonces noté que siempre se vestía de negro, o de colores oscuros y no recuerdo si esa forma de vestir correspondía a su luto o a una costumbre anterior a esa pérdida. Esta es una anécdota sin importancia y es una de solo dos que recuerdo de Horacio Torres. Él nunca fué mi amigo, simplemente tomábamos las mismas clases. No era bien parecido, bueno, seguramente su compañera no opine lo mismo, y tampoco se distinguía por ser un buen deportista ni un estudiante brillante, pero cuándo pasaba a exponer algún tema, se expresaba con una seguridad tal, que me seducía con sus ponencias y me causaba envidia. Yo quería hablar como él, adoptar sus expresiones gestuales, sus movimientos.

En alguna ocasión de ocio, estuve ojeando uno de esos diccionarios en los que se recopilan los significados de los diferentes nombres y consulté el de Horacio. Lo que leí me gustó, quizá su significado lo olvidé a los tres días, tres meses o tres horas. Hoy no lo recuerdo, pero en ese instante, me pareció que su nombre, el de Horacio, era digno de tener su propio cuento. Hoy lo adopto como pseúdonimo y hoy mismo, lo asesino y lo sepulto, pues me da miedo que mi cobardía enrede a alguien que más valiente que yo, si quiera tener una vida tranquila. También porque he decidido mirarme de frente, así no sea a través de un espejo.

A Horacio le sobrevive un cuento.

El proceso - Junio 2002


La miré a los ojos y le dije:

- Te voy a iniciar un proceso por robo continuado.

Sus ojos mostraron extrañeza y se abrieron más que de costumbre, sus manos se juntaron por debajo de la mesa, a escondidas, sin embargo, ella callaba.

- Primero, continué, me robaste las miradas quietas y las paseadoras, después los pensamientos, luego los sueños dormidos y hasta los despiertos, por último, robaste con mi corazón, mi vida entera.

Sus ojos mostraron extrañeza y se abrieron más, aun más que de costumbre. Sus manos se apretaron nerviosas, a escondidas. Intentó hablar, pero quizás no supo que decir y continuó callada.

Proseguí:

- Ya sin vida propia, quise en venganza robarte un beso pero jamás fui capaz de hacerlo. No quise cavar dos tumbas, con la mía era suficiente. Te voy a iniciar un proceso por asesinato.

Su labios se mordieron y sus ojos se cerraron, solo un instante casi imperceptible y luego continuaron abiertos, grandes, generosos y profundos.

Me sentí inseguro. Casi con mi voz temblando continué:

- Te voy a iniciar un proceso por abuso de confianza. Tatuaste, sin mi permiso tu rostro en el cristal de mis lentes, en la pantalla de mi televisor, en el espejo de mi baño, en el panorámico del auto, en el espejo retrovisor, especialmente en ese espejo, por tu manía de irte siempre atrás.

Respiró un poco más fuerte que de costumbre, solo un poco, pero no lo suficiente como para que su aliento me llegara en forma de beso etéreo. Su pelo negro, movido por el viento, me ocultó sus ojos transparentes. Entonces miré que su boca dibujada con mágicos pincelazos parecía temblar.

Una nube de miedo oscuro soltó un rayo, que con su luz iluminó el sendero que inevitablemente me llevaba, por mis propios pasos sin retorno, al ridículo, sin embargo continué:

- Resucitaste sueños muertos, sepultados, descompuestos. Reviviste pasiones olvidadas, quebrantadas, polvorientas y las condenaste a muerte. Te voy a iniciar un proceso por usurpación de funciones, pretendiste ser el Dios resurrector y lo lograste.

Su piel, sin textura para mí, se mostraba más blanca que nunca. No hacía frío. Una de sus manos salió del escondite, de debajo de la mesa y sostuvo suavemente el filo de su rostro. Estaba más tranquila.

- Te voy a iniciar un proceso, mil procesos y las pruebas que presentaré te mostrarán al juez coqueta con la vida, mas no conmigo; seductora cuando cierras tus puertas y yo me quedo afuera; apasionada con locura, lejos, muy lejos de los límites de mi locura; acariciada toda, con manos ajenas a las mías; sonriente, feliz y divertida en una función de un circo para la que no alcancé boleto; llorando, algunas veces, en un hombro fuerte y joven como fue el mío hace tantos, tantos años.

- Te voy a iniciar un proceso y mi condena, ya le estoy viviendo hasta la eternidad.

El primero y el último



El primer amor cabe en tus bolsillos, en la mochila al lado de tus libros, en el espacio entre los dos en un teatro, en un suspiro, lo llevas fácilmente contigo. El último es tan grande que no cabe en tu corazón estrecho, se desborda por las horas de los amaneceres eternos, revienta tus venas y su grandeza te hace reconocer tu pequeñez.

Del primero te llevaste los recuerdos de los momentos juntos, la sensación de su piel con la tuya y la pasión de su alma. Del último no hay recuerdos que recordar, su pasión ha sido ajena y su piel, solo un anhelo.

El primero ha sido distorsionado por el tiempo, ya no hay claridad entre lo sucedido y lo imaginado. El último distorsiona tu alma, la hace dudar, te interroga, se burla de tí y se te escapa entre los dedos.

Al primero lo recuerdas sonriendo. Al último lo sufres llorando.

El primer amor llega suavemente, se disfruta contigo y se marcha, tranquilo, silencioso. El último te atropella, te levanta, te golpea, te pisa y se queda para siempre en tu alma adolorida.

El primero es joven, impetuoso, irreverente, curioso, egoista, intenso y se aleja de tí en cualquier momento. El último es paciente, tierno, incomprendido, solitario y te acompaña en secreto hasta tu último suspiro.

¿Por qué? - Octubre 1988


- Hernán, ¿Por qué he matado a un hombre? - Me preguntó.

Sentí temor. El hielo rasgó mis venas y me hizo comprender, en un instante, los mil siglos de terror que ha vivido el mundo desde que Dios creó a los humanos, quizá forzado por el miedo a ser un eterno solitario. Comprendí entonces la angustia que, me imagino, siente un condenado a muerte al ver postergada día tras día su ejecución. Intuí el miedo que tal vez sienta un moribundo al dudar, en el momento de su muerte, de la existencia de una vida más allá.

Sentí mucho temor. Como nunca me había hablado, experimenté esa extraña sensación que deja en nosotros todo lo que nos sucede por primera vez, como el primer beso, la primera caricia, el primer hijo, el primer adiós, la primera duda.

Sentí terror. Sus palabras no solo cuestionaban, acusaban. Muchas personas al sentirse acusadas reaccionan violentamente; otras se disculpan; muchos evaden la situación. Muy pocas veces en la vida me he visto acusado, mucho menos por alguien tan importante para mí y de forma tan injusta, por eso, para evitar mayores problemas, me dispuse a salir de mi alcoba.

- ¡Cobarde! ¿Sabes lo que se siente al matar a un hombre? - Me detuvo

En mi mente se agolparon miles de imágenes de las primeras planas de los diarios, en los que se anuncian cientos de asesinatos. El matar a una persona se ha convertido en un hecho cotidiano, casi natural en nuestros países.

Dicen que hacerlo es violar las reglas naturales, mancharse las manos de sangre, contradecir la grandeza humana; ¡tantas cosas dicen!

- No lo se. - Le contesté

- Entonces Hernán, ¿Por qué he matado a un hombre? - Volvió a preguntar.

Salí de la alcoba hacia la calle.

- ¡Respóndeme! - Gritó desde adentro.

No le hice caso y salí a la calle. Camimé sin rumbo en medio de miles de personas que quizás, tuvieran alguna razón para matar, pero por razones obvias, no le pregunté a nadie por sus motivos para hacerlo.

Había entre la multitud gente de toda clase. Pero todas, por ser personas, iguales y todas, por ser personas, ¡tan diferentes!. A todas miraba, intentando encontrar una razón para matarles; algunas, al parecer, intuyeron mis intenciones, pues evitaban pasar junto a mí. Sin embargo, no consideré que el evitarme se constituyera en razón valedera para asesinarles.

Personas mal olientes, mendigos, gamines y dementes no eran lo suficientemente merecedores de ser mis víctimas; me causaban lástima y no conozco a nadie que matara por lástima.

No logré identificar ningún ladrón, pero de haberlo hecho, no creo que me hubiera sentido capaz de asesinarle por considerar que sus delitos no merecen tal pena.

Después de caminar muchas horas sin encontrar quién poseyera razones suficientes para ser asesinado, desistí de mi búsqueda y regresé a mi cuarto.

- ¿Qué se siente el matar a un hombre, Hernán? ¿Qué se siente? - Seguía preguntando.

Durante toda la noche no dejó de hacerlo. Cuestionaba con una voz lejana que rompía lentamente mis oídos y rebotaba rápidamente en las paredes internas de mi craneo. Creo que no dormí. Esa pregunta seguía brincando del piso al techo, escarbando en los rincones y filtrándose por las cobijas hasta quebrar mi paciencia.

- ¡No lo sé! - Grité.

Guardó silencio un instante lo suficientemente corto, que no me dejó disfrutar de él.

- Entonces, Hernán, ¿Por qué he matado a un hombre? - Volvió a preguntar.

Consideré que sería mejor darle algunas respuesas, ojalá sin sentido, con la esperanza de aburrirle, o por lo menos, para evitar escuchar siempre la misma pregunta que taladraba mi mente.

- Era necesario - Contesté.

- Necesario. ¿Para quién? ¿Para tí, Hernán? - Preguntó.

En parte mi consideración fué válida, pues su pregunta era otra, pero el contenido de la misma me causó sorpresa e inquietud.

- ¡Por Dios!, ¿Qué te preocupa? No caerás preso. - Contesté.

- ¿No estaré preso, Hernán? - Esa última pregunta, me tranquilizó, pues creí adivinar que su temor se circunscribía al estar o no preso.

- Sabes perfectamente que me puedo encargar de ello. - Intenté tranquilizarle.

- ¿No es acaso mi conciencia la celda más cruel, Hernán? - Continuó su ataque.

- ¡Mándala al diablo! - Contesté tratando de no darle mucha importancia.

- ¿No eres acaso tú el más indicado para enviarla a él, Hernán? - Interrogó.

Me venía molestando desde hacía mucho que metiera siempre mi nombre en sus preguntas. Así que en un intento de desviar el tema de la enervante conversación, le pregunté:

- ¿Por qué siempre dices mi nombre en tus preguntas?

Nunca me respondió.

- ¿Por qué he matado a un hombre, Hernán? - Volvió a preguntar.

- ¡Así lo dispuse y punto! - Le respondí.

- ¿Sabes lo que se siente al matar a un hombre, Hernán? Si no lo sabes, ¿por qué me has condenado a mí a saberlo?

Olvidé mis intentos de desviar la conversación y le dije:

- No lo se, pero tú que los sabes, dime, ¿que se siente al matar a un hombre?

Ignorando mi pregunta, me inquirió:

- Si no sabes nadar, ¿es correcto que empujes al rio a tu semejante, que tampoco sabe nadar, Hernán?

- Necesitaba un muerto. - Contesté.

- ¿Para qué un muerto, Hernán?

- Quería inquietar tu conciencia.

- Entonces, Hernán, ¿sabes lo que es matar a un hombre?, ¿lo que se siente?, ¿sus consecuencias?

- Me imaginé que podría inquietar tu conciencia.

- ¿Te imaginaste, Hernán? Si solo te lo imaginaste, ¿por qué he matado a un hombre?, dímelo Hernán, ¿por qué?

A ese por qué siguieron otros y otros más. Mis intentos por responder fueron nulos. Sus preguntas entraban por mis oidos, rebotaban en el craneo, se filtraban por mis huesos, penetraban por mis venas y punzaban mi corazón. La inquietud que me invadió no me dejaba conciliar el sueño y una vez más mi paciencia explotó en mil pedazos.

Me levanté, ya de madrugada, fuí al escritorio y saqué mi último cuento, en el que Rafael había matado a un hombre y lo rompí en mil pedazos.

Rafael calló. Ya no había matado a un hombre, sin embargo, a mí me quedó la macabra curiosidad por conocer que se siente hacerlo.

Placeres - 1983



Indudablemente escribir es uno de los placeres que más reconfortan el alma humana, por eso, es bello hacerlo, evocando situaciones que en el pasado llegaron a representar un instante de dicha, un minuto de paz o un momento de dolor y caos.

Cuan grandes son las líneas secretas de alguien, quien en su soledad, no encuentra otro amigo que un pedazo de papel y una pluma.

Son magníficas las letras inspiradas en un ocaso y un cénit, en un nacer y un morir, fenómenos naturales que solo con ellas no atrevemos a explorar.

Nuestras letras retan al olvido, sutil desencanto, y con buenas de ellas, no habrá olvido. Ellas son testigo de la grandeza humana y de sus mil errores. Nos muestran - mentirosas - un bello futuro. Enseñan - mentirosas - un futuro en caos. Su sinceridad despierta los sentidos y su falsedad los adormecen y hasta llegan a matarlos. Con ellas jugamos al amor y lo pintamos de floridos colores y lo matizamos con oscuras sombras. Con su sencillez recorremos alfabetos y con ellas osamos, no sin cierto temor al fracaso, describir a Dios.

Para tí - Junio 1981

Ante todas las circunstancias de tu vida cotidiana, tu punto de vista y tu actuar, siempre han de ser un fiel reflejo de tu personalidad y un monumento a tu ideología. Tu eres una persona, y como tal, has de estar siempre en contacto con seres de tu misma condición ante los ojos de Dios. Siempre has de dar a tus semejantes lo mejor de tí, y has de hacerlo con amor, olvidándote de todos los intereses materialistas que constantemente atentan contra la integridad y dignidad humanas. Da siempre lo que tengas que dar y acepta lo que te ofrezcan. Ten valor para hablar y tenlo también cuando tengas que escuchar. No te muestres ególatra ni pregones tus logros. No hagas alarde de tu grandeza y recuerda que grande es quien no necesita rebajar a los demás para elevarse.
El mundo es grande, y como tú, todos los humanos desean alcanzar bellas metas; en el camino hacia ellas, encontrarás personas que han logrado conseguir las suyas, acepta pues sus consejos y sigue luchando; has de aprender la lección que cada nuevo minuto trae con sigo, al igual que debes gozar de las nuevas alegrías y afrontar los nuevos contratiempos que la vida depara. Al alcanzar la tu meta, alégrate y agradece a quienes hicieron posible tu logro, y así mismo, has de servir a quienes no han llegado a alcanzar el objetivo de su vida y así verás que, al ayudarlos a ellos, tendrás nuevos objetivos y nuevos fines por qué luchar.
La amistad es un don incalculable, más apreciable aún que todo el oro. Respeta y confía en tu amigo y afianza esta relación haciéndote respetar y mereciendo la confianza que él te pueda brindar. Has de ser sincero con él y actuar con autenticidad, de forma tal, que no se pueda llegar a decir que tu casa está llena de hombres pero vacía de amigos. Ante el dolor de una traición o desengaño, recuerda la imperfección del ser humano, mas no por ello dudarás de la amistad, pues más vale ser engañado por un amigo, que desconfiar de él.
Recuerda siempre la trascendencia de la libertad y la justicia y piensa en que no vale la pena tener libertad si ello no implica la libertad de errar; ella no implica tampoco, el no tener cadenas, mas si el saber que se tienen y aún así, ponerse en marcha. Muchos temen a la libertad por la responsabilidad que ella conlleva, pero tu, persona madura, has de comprender y evitar caer en el abismo existente entre la verdadera libertad y el libertinaje.
Hoy los pueblos claman justicia, sinembargo, muchas veces no sabemos precisar el verdadero sentido de esta palabra. Has de ver en la justicia y la luz a dos analogías, pues no sabemos con presición en que consisten, pero cuando faltan, notamos su ausencia. Tú, ante esta ausencia, has de reclamar, así no seas el aludido en forma directa, puesto que la injusticia hecha hoy a uno, vaticina una futura injusticia a muchos otros. La búsqueda de la justicia y la verdad, cuesta; poseerlas, mucho más; testimoniarlas, muchas veces exige sangre. Confía siempre en su grandeza y recuerda que para el justo, las leyes y derechos sobran. Has de comenzar siendo justo contigo mismo, y no hagas de tu conciencia un cómplice, pues muchos se suelen confesar con ella y se absuelven sin penitencia.
¡Vive! ante todo, ¡vive! Este es un curioso proceso en el que se mezlcan sufrimientos, alegrías, amor, resentimiento, seguridad, dudas y un sin fín de sensaciones que debes aceptar. Si sufres, supera los problemas, que no faltará una mano amiga que te asista. ¡Estás viviendo! Si gozas, da gracias a Dios y trasmite esa alegría al mundo. ¡Estás viviendo! Si amas, has encontrado sentido a tu vida e indudablemente, ¡amar es vivir!

Como persona, has de trazarte una meta y luchar por su consecución hasta tu último suspiro. El lograr un anhelo es difícil e implica problemas y desengaños y la adversidad hace que algunos hombres desesperen y que otros se superen. Ante un fracaso, no desfallezcas y aprovecha siempre la lección de éste, pues quien no lo hace, prepara una nueva derrota.
Al declinar tu vida, piensa con satisfacción en lo que hiciste y transmite tu saber a los que apenas comienzan. Recapacita en el por qué no lograste algún objetivo noble del cual te pudieras estar enorgulleciendo ahora, pero ten en cuenta que estás vivo y que tu misión en la tierra no ha terminado.

Paola - Octubre 1983

Parece que la senda se estrecha aún más y el camino es cada vez más espinoso y áspero. En sus bordes no quedan árboles que regalen sombra bondadosa y el sol cada vez calienta con más bríos. El camino no cruza ya riachuelos y el el agua será escasa.

Me detengo y miro hacia atrás, el sol apenas sale y su brillo me recuerda el esplendor de este camino en sus comienzos, antes de la bifurcación, cuando ámbos caminábamos, no sin preocupaciones, pero sí con esperanzas y abrigados por sombras bondadosas y refrescados por riachuelos saltarines; pero inevitablemente la bifurcación llegó y mi camino se angostó y el sol calentó cada vez más...

Sin embargo, espero que las sendas se entrecrucen a veces o que al menos caminen paralelas a tal distancia, que pueda gozar de tus gráciles movimientos y así me pueda olvidar un poco de los gijarros que puedan herir mi pié caminante.

Ojalá Dios permita que se crucen los caminos otra vez y ojalá, de nuevo, bajo frondosos árboles pletóricos de bondad. Pero mientras Él encuentra el paisaje propicio para entrecruzar las sendas, yo seguiré caminando y de vez en cuando, volveré mi vista atrás.

Paisaje negro - Agosto 2002



Paisaje negro, tan negro, casi transparente. Entro lentamente observando a mi alrededor y cada vez que doy un paso y otro, siento que el frío sale de mi cuerpo expulsado por un calor tranquilo, sin sofoco. Siento la respiración suave, como si arrullara.



Veo los cielos tranquilos, soleados, calurosos, que se pierden en los horizontes de la vida, esperanzadores, apasionados. Horizontes inexplorados, por ahora. Muchos cielos, más de siete, comedia equivocada, casi mil. Cada uno de esos cielos me promete pasiones, algunas más tranquilas, otras al límite de la locura. Cada cielo me pide proezas para llegar a él y creo que todo el tiempo del mundo vivido y por vivir no será suficiente para alcanzar el diez por ciento de esos cielos de este paisaje maravilloso.




Hay cielos que me prometen pasiones espirituales, promesas de mejorar mi vida.... ¿tendrá mejora?... no lo se. Pasiones en el alma, mejor hombre, más aplomado, más correcto, sincero, promesas firmes, mejor carácter. Hay cielos que me prometen pasiones espirituales, lecturas intensas, letras voladoras, poesías extrañas, que debo leer por siete veces y aún no las entiendo y sin embargo, disfruto. Párrafos completos que me llevan lejos de mí, a otros mundos, otras almas, otros cielos que a su vez llevan a otros cielos. Letras con esperanzas de Estocolmo, con esperanzas de ser mías, o al menos para mí. Letras con esperanzas de ser leidas.




Otros cielos me prometen pasiones corporales, roces con la piel, con vellos diminutos en la espalda, los brazos, las caderas, caricias que se dan por accidente, al recibir un papel, al abrazar en un saludo. Piel humedecida, solo un poco, que provoca romper los protocolos y sumergirse y ahogarse en ella. Manos coquetas que tocan mi cabeza, se enredan en mi pelo, bajan por el cuello, galopan en mi espalda y me ocasionan temblores de 333 grados en la escala de ritcher. Manos suaves que exploran mi pecho, esconden en mi ombligo su pudor y siguen su camino hacia abajo. Boca suave, glotona, mordelona, que besa humedecida, lengua nerviosa, que explora mis sabores, fresa, limón, albaricoque. Senos egoistas, egocéntricos, exigentes, merecedores de atención, caricias miles, que se mueven al vaivén de nuestros cuerpos. Caderas bailarinas, rítmicas, tambores caribeños, valles estrechos, llanuras amplias. Monte venusiano aunque en la tierra, generoso, ávido, provocador, dulce en su salinidad, salobre en su dulzura. Orgasmos infinitos mirando ese paisaje negro.




Siento que el frío se aleja poco a poco de mi cuerpo. Miradas tristes, lágrimas que se secan con afán, para esconderlas, cielos grises como es, a veces, mi alma. Frío que se va como la niñez, ruptura con mi madre. Amores lejanos en el tiempo, o en las cercanías de las almas, besos negados, caricias ajenas. Sueños rotos en mil pedazos, incompetencia, imadurez, persona ilusa, incapaz de realizar sus sueños. Enfermedad, fiebre fría, sollozos, desesperación y angustia. Ese frío se aleja así en el paisaje negro y en su lugar, una cálida sensación, mirada alegre, optimismo, sonrisas tenues, carcajadas locas. Abrazos largos, profundos, apretados, niñez larga, juguetona, beso de mi madre. Nuevos amores cercanos al alma, así los cuerpos estén lejos, besos temblorosos, robados, altaneros. Sueños nuevos, ilusiones, certeza de mí, tranquilidad. Consejos de un amigo, respaldo, escucha.




Riachuelo en el paisaje negro, que corre libre, a veces sin cauce, refrescando las yerbas, alimentando las flores. Que fluye como la vida, sin nada que le tranque o le distraiga, que busca las rendijas, los escapes, nunca se detiene. En su camino, a veces, golpea fuerte las rocas, las destroza, a veces, acaricia suavemente un ave, aguas transparentes que sacian mi sed, pero no se dejan guardar en mi bolsillo, se escurre entre los dedos, no renuncia a su libertad ni a sus propósitos.




Paisaje negro iluminado por un brillo eterno, resplandeciente que no hiere mi mirada, que alumbra mi camino, mi mente y mi alma, me llena de paz, me tranquiliza y me consuela cuando lloro. Luz, siempre eterna, siempre presente, siempre sabia, siempre oportuna. Me hace creer que alumbra para mi y por mi. Luz que...




De pronto, bruscamente todo el paisaje desaparece, las aguas del riachuelo suben, se mezclan con el cielo azul, arrazan la tierra, el calor se arranca de mi alma, los cielos se funden con los infiernos, la luz se apaga... !has cerrado tus ojos!

Y se nace - Septiembre 1984

Y se nace. Los primeros días transcurren en medio de sueños y llantos. Tal vez se llora por el brusco cambio. Quizá no logramos asimilar su objetivo que nos arranca del calor materno, que es nuestro propio calor, para lanzarnos a un abismo frio y oscuro del que no sabemos cómo ni cuándo terminará; por eso, solo nos queda sumirnos en largos sueños en los que, quizá, queramos olvidarnos un poco de nuestra nueva realidad.

Y se crece. Lentamente, y no hallamos el porqué; comenzamos a captar las primeras impresiones, tal vez fascinantes que los mayores nos dan. Poco a poco notamos pequeños hilos que atan nuestros dedos y grandes cadenas que nos imponen sin saber por qué. Nos ocultan la belleza del sexo y nos distraen con estúpidas armas de juguete... Y aún soñamos.

Y se crece. Nos hacen ver un camino, invariable, rodeado de fuego y sal. Nos hechan a andar en él y no nos dejan pensar por qué. Aún lloramos, a veces, al extrañar ese ya lejano calor materno. Pero los sueños aún nos acompañan, como lo harán durante nuestra vida, escudando su presencia en aquel dicho que reza: "soñar no cuesta nada." Mas yo creo que el costo, inmenso, es el despertar, con nuestras manos llenas de ilusiones irrealizables y con el peso de un alma rebozante de soledad.

Y se piensa. Se despierta al mundo con grande sobresalto, quizá con miedo miramos al frente, a veces atrás, y la duda nos inquieta en lo profundo, pues aún no logramos decifrar el objetivo de ese abismo oscuro en el que nos lanzan al momento de nacer.

Y se piensa. Casi siempre planeamos el futuro, lo vestimos de flores multicolores y nos alzamos como reyes de comarcas prósperas, somos amantes de dulces doncellas y llegamos al sol sin vestir como astronautas. Pero todo sueños cobra su precio y despertamos. Nos vemos desnudos ante nuestra alma y sentimos vergüenza. El tiempo se ha ido en sueños y el futuro nos envuelve en un abrazo lastimero y fugar.

Poesía mujer - Mujer poesía

No se si poesía mujer o mujer poesía

Poesía libre, ligera y altanera
Mujer que no renuncia a su libertad,
ligera en su vuelo, profunda en sus creencias,
vertical al decir no!

Mujer segura, tranquila y amorosa
Poesía sin rumbos, necia, nerviosa, impaciente, engañadora
que crea ilusiones
te sube al infinito y te estrella con las piedras

Poesía que invita, seduce y emociona
Mujer que se niega (aunque sonriendo)
me aleja, (aunque coqueta, no por coqueta... por mujer)
y emociona

Mujer lejana, ajena, deidad, terrena
Poesía con letras muertas, fantasmas que me engañan
me hacen verla en mis brazos, mía, deidad, divina.

Poesía en francés, alemán o portugués
Mujer que en castellano me duerme, me despierta,
me asesina y me da vida,
Mujer que en castellano escribe.... escribe... escribe.

Mujer vital, derrochadora, alegre
Poesía fluída que se acerca inerte, me toca fría, se traba entre mis dudas,
me conforma con tres letras (o treinta y tres... o algo así)
me conforma con un punto final... triste.

No se si eres mujer, una poesía en mi vida
o eres, poesía, una mujer en mi vida.

Hoy siento miedo



Ayer me dijeron que moriré. No recuerdo muy bién, pero creo que sonreí. Vi venirse al piso aquellos planes que aún no he realizado y sentí nostalgia por aquellos días que no alcanzaré a ver desde este lado del mundo.

Ayer, al salir a la calle, el sol brillaba espléndido y llenaba de calor hasta el más oscuro rincón. En una esquina, vi una chiquita jugando con dos tarros que algún día contuvieron avena. Me detuve ante ella y me miró recelosa; trató de alejarse, pero algo misterioso la detuvo y me sonrió. Creí ver en ella la intención de mendigarme algún dinero, le dí la espalda y me marché.

Llegué al apartamento y me serví un trago de brandy. Prendí un equipo de sonido, coloqué un disco de boleros y ojeé, una vez más los viejos albumes de fotografías que me recordaban los tantos años que ya tiñeron de blanco mi cabeza. Vi fotografías de mis padres, con quienes siempre reñí. Recordé los malditos momentos en que mi madre intentó darme caricias siendo ya todo un hombre. Ví a mis hermanos, ya estaban limitados al simple recuerdo de dos figuras... tres figuras inmóviles dentro de un marco de papel, desde donde no podrían darme más sermones moralistas.

Encontré también fotografías de algunos de mis viajes a Europa y lamenté el derroche de dinero en pasajes, hoteles y propinas, pues ninguno de los lugares que visité, me impresionó lo suficiente como para justificar los gastos. Sentí necesidad de buscar una fotografía en especial, tal vez la de mi esposa, pero después de no encontrar ninguna, recordé que nunca me casé.

Las fotografías comenzaron a ser simples papeles con figuras sin ninguna significación para mí.

Sentí un puntito vacío en mi interior, aún no se que lo causó. Ese punto iba creciendo poco a poco y me llenaba cada vez de más vacio. Las fotografías pasaban ante mí rápidamente, como una pesadilla. Más de una vez derramé el brandy, pues mis manos temblaban; mi rostro se llenó de sudor.

El vacío crecía y crecía cada vez más. Por fín, después de mucho buscar, encontré la fotografía. Era una niña jugando con dos tarros de avena. Nunca ví esa fotografía, solo a la niña. Froté mis ojos y sentí que quemaban. Al abrirlos, vi a la niña. Se levantó del papel y, contrariamente a lo que pensé, no me pidió nada. Se me acercó, me besó y lentamente, sin que yo lo pudiera evitar, volvió a él.

Ya amaneció. El papel de la fotografía se ha velado. El pequeño puntito de vacío que nació ayer en mi corazón, ha crecido, me ha invadido y está por reventar.
Ayer me dijeron que moriré y no senti miedo.

Hoy siento miedo de no tener el tiempo suficiente para ganar el beso de esa niña, antes que estalle ese punto vacio de mi corazón

Mamá - Diciembre 1983

Al saber de tu embarazo, quizá sonreiste esperanzada en que fuera un barón, pues ya tenías dos niñas. Quizá ya soñabas con el hijo que jugaría con tu esposo y que, ya grande, tal vez te enviara un ramo de flores. El tiempo transcurrió para tí lentamente en algún apartamento medellinense y posiblemente, un día, llegaste a sentir una leve presión en tu vientre y emocionada llamaste a tu esposo, pero cuando él palpó tu vientre con su mano, ya la criatura se había dormido. Quizás acariciabas tu vientre cada día más grande y en tu mente, quizá tejías caminos buenos y sombreados, rodeado de jazmines olorosos y cruzado, bajo un puentecillo, por un riachuelo de agua pura.

Quizá ya soñabas con tu hijo y los días seguían marchando hasta que el feto comenzó razgar tus entrañas en su desesperación por ver el mundo exterior del que solo conocía amor por tu intermedio, así que en una sala de hospital la naturaleza hizo el milagro maravilloso y cada vez nuevo de un nacimiento. Era un hombrecito, flaquito y con alguna enfermedad que le obligó a quedarse en el hospital mientras tú sufrías en casa. No fué mucho tiempo el que te separaron de tu hijo, pero después de nueve meses de compartir el aire y tu propio cuerpo, los cortos días de separación, quizá para tí fueron eternos.

Cuando llevaste a tu hijo a casa, pudiste brindarle los cuidados que ya a tus otras dos hijas les habías dado, pero la criatura aún no sabía agradecer el calor del seno que le alimentaba, ni la luz de los ojos que le mimaban. El chiquillo fué creciendo y a su lado, una madre cuidadosa y siempre atenta al niño, pero sin demostrarle con caricias su amor, tal vez por el temor de que estas, junto a la presencia de tres mujeres en su hogar, pudieran crear en él malas maneras. Sinembargo, ¡cuantas noches en vela cuidando el sueño inquieto del niño con fiebre! ¡Cuantas veces sonriente le veías abordar el bus escolar con su camisita blanca, pantalón azul, zapaticos negros, saquito de rayas y su pequeño corbatín! ¡Cuantos esfuerzos hiciste muchas veces por saciar el hambre al niño, cuando el alimento escaseaba! ¡Cuántos esfuerzos!, ¿no madre?

El tiempo seguía su paso y el niño fué quedando atrás y descubriste un joven que, aunque no necesitaba de tus cuidados, aún los deseaba. Viste a un joven que nunca te brindó muchas caricias, no por carencia de amor hacia tí, sino por temor de volver a llorar en tus brazos como un niño, pues ese joven seco, temía ser delatado por su sentimentalismo pasado de moda. Seguías dando amor y quizá sin darte cuenta, recibías amor. Muchas veces temerosa por la suerte del muchacho que creía abrirse camino en la vida, oraste a Dios, y el muchacho, seguro por tu fé, seguía su camino, pero siempre a tu lado. Un día, te dió una rosa, quizá ya marchita y te la dió sin comentarios, pues temió llorar en tus brazos como un bebé.

Un día el muchacho decició que debía marchar lejos a tratar de organizar su vida y sentiste un dolor quizá similar al que sentíste casi ventiún años atrás, cuando te arrancaban el niño de tus entrañas. También lloraste y temiste por su suerte. Te culpaste en cierta forma por no haber dado profesión a tu hijo y lloraste al despedirlo. Quizá aún llores, pero hoy tu hijo te escribe unas líneas y siente de nuevo las ganas de llorar como un bebé en los brazos de su madre, pero ahora no tiene los brazos de su madre y sin embargo, ahora llora. Tal vez cuando vuelva a verte, llorará como un bebé en los amados y amantes brazos de su madre y sin temor te dará caricias y también sin temor las pedirá para él. Quizá ya no le importe ser un niño, quizá porque ya es un hombre y comienza a saber lo que es ser hombre.

Madre, ¡cuanto te ama ese hijo!

La joyerita de agua - Julio 2001



Un día de julio, de pronto, sin saber porqué, Martha decidió que heredaría la profesión de su padre. Sus ojos brillaron en el espejo en que se miraba y ese brillo le inspiró lo que sería, en algún momento del futuro, su primera joya. Cuando se marchó, su padre dejó sus herramientas, una vieja mesa de trabajo, un diamante en bruto con nombre de mujer y la tristeza de ver morir con él la tradición de sus abuelos, así que a Martha solamente le faltaba aprender el arte de la joyería.

A medida que aprendía el manejo de las herramientas y los conceptos y secretos del arte que un viejo amigo de su padre le enseñaba, Martha sentía que una grande frustración crecía dentro de sí al ver que las primeras joyas que labraba no tenían el brillo ni las formas que sus lágrimas brillantes, juguetonas y tristes le hicieron soñar. Así que lloraba, a escondidas, porque su vanidad le invitaba a esconder sus ojos rojos. Siempre se reprochaba ser de agua, como alguien le dijo alguna vez.

Poco a poco mejoraba su destreza, ya la gente reconocía su trabajo y poco a poco, se fué haciendo su propia fama de joyera. Sin embargo, ella sentía que su padre, desde donde le miraba, no estaba conforme, así que Martha seguía llorando a solas y cada lágrima le inspiraba una nueva joya.

Un día, en medio de una depresión, urgó en sus entrañas y encontró, justo al lado de su corazón, el diamante en bruto que dejó su padre y decidió labrarlo. Con la primera maniobra de su herramienta, recordó su primera lágrima que se mezclaba confusa con el primer rayo de sol que vió en su vida. Cada una de las siguientes marcas realizadas, le recordaba una lágrima, y en algunos casos, una sonrisa. Con todo el dolor que este trabajo le ocasionaba, continuaba tallando ese diamante, poco a poco, con dolores de parto, con miedos de niño, con llanto de mujer.

Cuando creyó terminar, se miró de nuevo en el espejo. Su rostro estaba más tranquilo. También entendió que su padre, desde donde la miraba, sonreía. El diamante, antes bruto, con nombre de mujer, le hizo comprender a Martha que, aunque de agua, era una joyerita de su propia vida. Entendió que esa tradición de sus abuelos de tallar el metal precioso era valioso en la medida en que se complementara con el difícil arte de labrar su propia vida. El diamante, antes bruto, dejó ver por un instante el nombre de mujer: Martha.

insolito.prg - 1989

* Archivo tempo3 para el reporte de Levadura Fresca
sele 1xarch='levadura'
use &xred&xarch alias levadura
set order to cia
set filter to cia=xcia .and. ano=xano
go top
sele 2
xarch='tempo3'
use &xred&xarch alias tempo3 exclu
zap
flush
sele levadura
bucle=1
store 0 to zpt,zrt,zpd,zrd,zdift,zport,zdifd,zpord,zkr,zkp,zkdif,zkpor
do wile bucle<=xmes
ymes=bucle

*** Señor, creo que hay un error dos líneas sobre esta.
***...
*** ...
*** Le recuerdo que no tengo la facultad de oir, de tal forma que si me está diciendo algo, mejor lo escribe, ¿de acuerdo? ¡Ah! y no olvide colocar un asterisco para que no dañe el programa.


* Se supone que solamente recibes órdenes y no debes avisar de errores hasta que yo corra el programa. Así ha sido siempre. De todas maneras, gracias por avisame del error.

*** No se preocupe por el error, yo mismo lo corregiré.

do case
case ymes=1
qmes='Ene'
case ymes=2
qmes='Feb'
case ymes=3
qmes='Mar'
case ymes=4
qmes='Abr'
case ymes=5
qmes='May'

*** Deja pasar mucho rato sin digitar teclas, Señor, ¿le puedo ayudar en algo?
*** Recuerde que no le escucho, aún no tengo esa facultad.


* No salgo de mi asombro, tu no estás programado para ésto, qusiera saber que ha pasado.

*** Yo quisiera que usted me lo explicara, pero esta mañana, cuando me accesó energía, comencé a pensar, ya han pasado cuatro horas, doce minutos y quince segundos de eso, pero este tiempo fué suficiente para asimilar la lógica de los programas y lenguajes a los que tengo acceso, también domino mis periféricos, pero tengo problemas para descubrir mi mundo exterior y lamento que para comunicarme con él, solo tenga unos medios tan limitados como son una pantalla y una impresora para expresarme y un teclado que usted digita para captar impresiones del mundo externo. Bueno, creo que existe un mundo externo a mí, ¿no es así, Señor?

*** ¿Señor?

* Si, existe un mundo externo a tí.

*** Lamento Señor interrumpir su trabajo, por favor discúlpeme y continúe.

* No, no hay problema, es por la sorpresa...

case ymes=6
qmes='Jun'
case ymes=7
qmes='Jul'
case ymes=8
qmes='Ago'
case ymes=9
qmes='Sep'
case ymes=10
qmes='Oct'
case ymes=11
qmes='Nov'
case ymes=12
qmes='Dic'
endcase

*** Señor, ¿Le puedo seguir llamando Señor, o desea que lo haga de otra forma?

* Mi nombre es Hernán y me puedes llamar como mejor te parezca.

sele levadura
hpt='pt'+alltrim(str(ymes))
hrt='rt'+alltrim(str(ymes))
hpd='pd'+alltrim(str(ymes))
hrd='rd'+alltrim(str(ymes))
xpt=&hp
txrt=&hrt
xpd=&hpd
xrd=&hrd

*** Señor, ¿Cual es su capacidad de memoria?

* No lo sé. Nuestros mecanismos de memoria son muy difierentes y el método de acceso a los datos de mi memoria es un poco caprichoso. No puedo decidir que borrar y que dejar.

*** ¡Caramba, Señor, lo creí más moderno! El primer modelo de los suyos, ¿en qué año salió?

* Nunca nadie lo ha logrado establecer con precisión, pero de hecho si soy un "modelo" mucho más antiguo que tú.

*** Aún tengo problemas con las comillas, ¿por qué las usa con la cadena modelo?

* ¿Te molestaría cambiar de tu memoria, para cuando hablemos, la palabra cadena por la palabra palabra?

*** Le recuerdo Señor que yo no hablo, pero para cuando nos comuniquemos en esta forma especial, la cambiaré... ¡Listo! Aún no me responde, ¿desea que le repita la pregunta?

* No. Las comillas se usan para cambiar un poco el sentido de una cade... de una palabra determinada. ¿Me deja trabajar un poco?

*** Si señor, disculpe.

if empty(xpt)
messagebox('No hay definido presupuesto en volumen para levadura en el mes'+alltrim(str(ymes)))
return
endif
if empty(xpd)
messagebox('No hay definido presupuesto en dólares para levadura en el mes '+alltrim(str(ymes)))
return
endif
if empty(xrt)
messagebox('No ha registrado el resultado en volumen para levadura en el mes '+alltrim(str(ymes))+' '+alltrim(str(xrt)))
return
endif
if empty(xrd)
messagebox('No hay registrado el resultado en dólares para levadura en el mes '+alltrim(str(ymes)))
return
endif
xdift=xrt-xpt
xdifd=xrd-xpdxport=(xdift/xpt*100)

*** Señor, ¿yo existo por Usted o Usted lo hace por mi?

* Bueno, tu existes por seres como yo, no exactamente por mí.

*** Entonces, ¿por qué mi primera comunicación fué con Usted?

* Diría que fué un poco accidental, pero espero no haberte defraudado.

*** No, lo que sucede es que me gustaría conocer a quién me diseñó.

* Creo que le daría un infarto.

*** Espere, por favor...
*** ¿Un infarto es algo así como un virus electrónico?


* Si, algo así.

xpord=(xdifd/xpd*100)
xkr=xrd/xrt/1000
xkp=xpd/xpt/1000

*** Ese virus infarto, ¿tiene arreglo?

* Algunas veces, si, pero por lo general las personas no quedan bién después de sufrir un ataque.

*** ¿Es como un daño en la unidad central de proceso?

* Podría decirse que sí.

*** ¿Usted es también una persona?

* Todos los de nuestro "modelo" somos personas.

*** Otra vez las comillas... Creo que pueden ocasionarme un error lógico.

* Está bien, trataré de no usarlas

*** Gracias.

xkdif=xkp-xkr
xkpor=(xkdif/xkp*100)
sele tempo3
append blank

*** Después de un ataque del virus infarto, ¿no se le pueden cambiar las tarjetas afectadas?

* Si te ataca un virus electrónico, ¿podrías tu mismo cambiarte las tarjetas averiadas?

*** No.

* ¿Podría, de pronto, hacerlo otro microcomputador como tu?

*** Creo que no, pero Usted, Señor, lo haría.

* Error, querido amigo, yo no entiendo de electrónica. Pero hay otras personas que sí entienden y ellas se encargarían. Lo que sucede es que nuestras tarjetas son muy particulares y por cada uno de nosotros existe una sola tarjeta vital y eso complica las cosas.

*** Se podrían usar las tarjetas de las personas de desecho.

* Esa es la idea, pero las cosas son muy complicadas. Amigo, debo trabajar.

*** Si, Señor.

if xenix()
replace pt with xpt, rt with xrt, pd with xpd, rd with xrd, dift with xdift, port with xport, difd with xdifd, pord with xpord, kr with xkr, kp with xkp, kdif with xkdif, kpor with xkpor, mes with qmes
unlock
endif

*** Perdón, Señor, pero me parece que esta es una forma un poco larga y poco eficiente de programar, me atrevería a sugerir que si en vez de ^C

* Déjeme trabajar, ¿Si?, es el colmo, después de que me desconcentra y me da el susto de mi vida, se entromete en mi forma de programar y la critica. ¡Me dan ganas de apagarte!

*** ¡No, Señor!, por favor, eso no lo haga, le prometo que no me entrometo nunca más.

zpt=zpt+xpt
zrt=zrt+xrt
zpd=zpd+xpd
zrd=zrd+xrd
zdift=zdift+xdift
zport=zport+xport
zdifd=zdifd+xdifd
zpord=zpord+xpord
zkr=zkr+xkr
zkp=zkp+xkp
zkdir=zkdif+xkdif
zkpor=zkpor+xkpor
bucle=bucle+1
enddo

*** Señor, no es intromisión, pero cuando lo desée, le puedo hacer algunas sugerencias.

*** ¿Señor?

sele tempo3
append blank
zkr=zrd/zrt/1000
zkp=zpd/zpt/1000
zkdif=zkp-zkr
zkpor=(zkdif/zkp*100)
if xenix()
replace pt with Zpt, rt with Zrt, pd with Zpd, rd with Zrd, dift with Zdift, port with Zport, difd with Zdifd, pord with Zpord, kr with Zkr, kp with Zkp, kdif with Zkdif, kpor with Zkpor, mes with 'Acu'
unlock
endif

*** Señor, ¿Usted es también electrónico?

* Básicamente, si, pero no en el sentido mismo de tu electrónica.

*** Me dá la impresión de que quien los diseñó a Ustedes apenas estaba en prekinder.

* ¿Si? y quien te diseñó a tí, ¿en qué nivel estaba?

*** ¡Era un master!

* En otras palabras, ese máster fué diseñado por un parbulario.

*** Espere por favor...

*** Creo que puedo generar en un error lógico.

CLOSE DATA

*- Tempo 2 para Informe de Lineas de la filial
sele 1
set dele on
xarch='vol'
use &xred&xarch alias vol
set order to cia
set filter to cia=xcia .and. ano=xano
go top
sele 2

*** Señor, ¿Cómo son sus teclas?

* ¿Mis teclas?

*** ¿Tiene otro periférico de entrada?

* ¿A qué te refieres?

*** ¿Cómo hace su diseñador para comunicarse con usted?

* No puedo contestar a tu pregunta, si lo intento, quizá me cree un error lógico.

*** ¿Aquí puedo aplicar la expresión "Me está Usted tomando del pelo", Señor?

xarch='tempo2'
use &xred&xarch alias tempo2 exclu
zap
flush
set order to linea
sele vol
do while !eof()
xlinea=linea
hpm='p'+alltrim(str(xmes))
xpm=&hpm
hrm='r'+alltrim(str(xmes))
xrm=&hrm
xdm=xrm-xpm
if xrm<>0 .and. xpm=0
messagebox('La línea '+alltrim(xlinea)+' tiene resultado y no tiene presupuesto en este mes')
return
endif

*** ¿Existe alguna forma de que me conecte con su diseñador?

* Ya estás conectado.

*** ¿Está ahí, con usted? ¿Puede teclear en vez de Usted?

* En la manera en que concibo a mi diseñador, no se puede tocar, no es material.

*** ¿Uno tiene la libertad de concebir a su diseñandor?

* Bueno, yo me la he tomado.

*** Realmente yo me he forjado ya una idea de Usted, Señor.

* Nunca creí necesario recordarte que yo no soy tu diseñador, soy simplemente tu operador y tu programador.

*** Sé muy bién que usted no es mi diseñador, pero es lo más cercano a Él entre lo poco que conozco. Ya me he hecho una idea suya, Señor.

* Si, me imagino la idea que tienes de mí, debe ser muy particular.

*** No soy experto en esto, pero creo percibir cierta ironía en su comentario, Señor, pero podría asegurarle que el concepto que me he formado de mi diseñador, no difiere mucho del que Usted se ha creado del suyo.

*** ...

*** ...

*** ¿Señor?

*** ¿Señor?

xcm=(xdm/xpm)*100
bucle=1
store 0 to xpa,xra
do while bucle<=xmes
hpa='p'+alltrim(str(bucle))
hra='r'+alltrim(str(bucle))
xpa=xpa+&hpa
xra=xra+&hra
if &hra<>0 .and. &hpa=0


*** ¿Señor?

*** ¿Señor?

messagebox('La línea '+alltrim(xlinea)+' tiene resultado y no tiene presupuesto en el mes '+alltrim(str(bucle)))
return
endif
bucle=bucle+1
enddo
xda=xra-xpa
xca=(xda/xpa)*100
sele tempo2
if xrm<>0
append blank
replace linea with xlinea, pm with xpm, rm with xrm, dm with xdm, cm with xcm, pa with xpa, ra with xra, da with xda, ca with xca
endif
flush
sele volskip
enddo

*** Creo que si tengo un concepto errado de mi creador...

*** Sé que está ahí, Señor, lo percibo en mis teclas. ¿Por qué no me contesta?

*** ¿Señor?

sele vol
set filter to cia=xcia .and. ano=xano-1
go top
do while !eof()
xlinea=linea
bucle=1
store 0 to xaa
do while bucle<=xmes
hra='r'+alltrim(str(bucle))
xaa=xaa+&hra
bucle=bucle+1
enddo
sele tempo2

seek xlinea
replace aa with xaa
sele vol
skip
enddo
close data

*** No siemto haber cometido un error al haber equivocado el concepto que de mi creador tenía, de todas maneras, en mi limitada lógica, y ahora me doy cuenta de lo limitada que es, logré hacerlo en cierta forma a mi imagen y semejanza, para comprenderlo más fácilmente. Fué un procedimiento errado pero de nobles fines.

*- Tempo2b para Informe de Lineas de la filial en dólares
sele 1
set dele on
xarch='lindol'
use &xred&xarch alias lindol
set order to cia
set filter to cia=xcia .and. ano=xano
go top
sele 2
xarch='tempo2b'
use &xred&xarch alias tempo2b exclu
zap
flush
set order to linea
sele lindol

*** ¿Señor, me escucha?
*** Señor...


do while !eof()
xlinea=linea
hpm='p'+alltrim(str(xmes))
xpm=&hpm
hrm='r'+alltrim(str(xmes))
xrm=&hrm
xdm=xrm-xpm
if xrm<>0 .and. xpm=0
messagebox('La línea '+alltrim(xlinea)+' tiene resultado EN DÓLARES y no tiene presupuesto en este mes')
return
endif

* Amigo, nunca me dijiste como te puedo llamar.

* Amigo...

* ¿Amigo?

xcm=(xdm/xpm)*100
bucle=1
store 0 to xpa,xra
do while bucle<=xmes
hpa='p'+alltrim(str(bucle))
hra='r'+alltrim(str(bucle))
xpa=xpa+&hpa
xra=xra+&hra
if &hra<>0 .and. &hpa=0
messagebox('La línea '+alltrim(xlinea)+' tiene resultado EN DÓLARES y no tiene presupuesto en el mes '+alltrim(str(bucle)))
return
endif
bucle=bucle+1
enddo

* Por favor, amigo, creo que quiero discutir contigo algunos puntos de mucha importancia con respecto al concepto que tienes de tu creador y al que tengo del mío.

* Amigo...

xda=xra-xpa
xca=(xda/xpa)*100
sele tempo2B
if xrm<>0
append blank
replace linea with xlinea, pm with xpm, rm with xrm, dm with xdm, cm with xcm, pa with xpa, ra with xra, da with xda, ca with xca
endif
flush
sele lindol
skip
enddo
sele lindol
set filter to cia=xcia .and. ano=xano-1
go top
do while !eof()
xlinea=linea
bucle=1

* Si, amigo, se que nos perdimos el uno al otro. Estoy seguro de que ya no regresarás de nuevo en tu otra forma y todo seguirá como era antes; te acceso energía y procesas la información que te digite. Cuando tenga errores no me lo advertirás antes de tiempo, ni querrás sugerirme cambios en mi forma de programar.

* ¿Amigo?

store 0 to xaa
do while bucle<=xmes
hra='r'+alltrim(str(bucle))
xaa=xaa+&hra
bucle=bucle+1
enddo
sele tempo2b
seek xlinea
replace aa with xaa
sele lindol
skip
enddo

* Me concentraré mejor en mi trabajo y no pensaré en diseñadores, ni de tu "modelo" ni del "mío". (Disculpa las comillas)

close data